El Jinete de la noche del mes de mayo

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Corría el año de l982 y yo era un muchacho deseoso de vagar por las tardes de fiesta en fiesta de cada pueblo vecino al mío.
Cierto día fui con Enrique a un poblado cercano pues era la fiesta mas importante de allí.
Pasamos la tarde y el inicio de la noche con cuatro amigos de ese lugar entre bromas y uno que otro piropo lanzado a las muchachas que pasaban sonrientes cerca de nosotros.
De regreso a casa, dimos rumbos a nuestros pasos por una vereda que cruzaba una colina entre barrancas.
Eran las 11 más o menos y casi a punto de descender, habiendo caminado durante aproximadamente una hora, se acercó a nosotros un jinete.
La noche era clara e iluminada por una hermosa luna llena. El viento frío silbaba al chocar con los granjenos dispersos en un llano seco del el mes de mayo.
-¿A donde van? - preguntó con una voz ronca casi musitante.
-Vamos a la Hacienda del Molino -respondimos un tanto temerosos como es normal en jóvenes de esa edad.
-Qué bien muchachos, ojalá se hayan divertido. ¿Vienen de Tiríndaro verdad? - Vuelve a preguntar.
- Sí, ya era tarde y debíamos regresar –constestamos.
El jinete se acercó un poco más y nos miró con una mirada tan fuerte y penetrante que nos provocó un leve escalofrío.
-Tienen suerte al regresar temprano, tal vez si hubiesen esperado un poco mas no lo hubieran hecho. ¡Mañana entenderán estas palabras!
No comprendimos lo que nos dijo en ese momento y solo atinamos a reanudar el descenso por la barranca para llegar a nuestro pueblo.
Al día siguinte supimos que tres de nuestros amigos habían muerto al derrumbarse una barda de la plaza y setimos que se repetía el escalofrío de la noche anterior.


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