Ir al contenido principal

Entradas

Destacados

Limosnas

Corrían los mediados de los ochenta y al portillo de nuestras casas se acercaba un fuereño, alguien que no conocíamos. Llegaba con un santo o una virgen adornados con múltiples estampitas y listones en una canasta y pedía limosna para ella. Y nosotros, los niños de ese entonces, la contemplábamos con respeto y admiración y aprisa, corríamos por unas mazorcas con la seguridad que al hacerlo vendría para nosotros el bienestar y las bendiciones por nuestra acción. Los limoneros de santos eran personajes de esos tiempo que, al igual que el que arreglaba tinas y cubetas o igual que el que arreglaba verdia petates o arreglaba sillas, fueron personajes que quedaron en la memoria de aquellos años y son ahora oficios perdidos. Y lo mismo daba para ellos recibir una moneda que unas mazorcas, porque para la virgen, todo era bueno.  Era contidiano también que alguien que llegaba caminando a nuestro rancho o que fuera ya de salida llamará pidiendo agua.

Entradas más recientes

Travesuras

LA NOCHE DEL MIEDO

DÍA DE LA SANTA CRUZ

NUESTRA NIÑEZ Y DÍA DEL NIÑO DE LOS AÑOS 70

El niño del Camino, un cuento de miedo.

El Zapato, una anécdota

La caída, una anecdota para compartir

El tesoro

¿Qué es Amarte?

El pollo y la oruga