El pollo y la oruga

El Cachuchas se pasea tranquilamente por el corral ignorando todo, picoteando la tierra y el pasto tal vez solo por instinto.

Es un pollo de escaso un mes transitando por la vida. Su existencia se desliza dueño del instinto innato aveces tierno, intentando perpetuar las horas y eternizar los días.

A veces busca algo removiendo con sus patas cada milímetro de tierra. No sé en realidad el motivo de su afán pero prefiero no preguntar para evitarle la angustia a contestarme aunque yo contestaré la pregunta inevitable:

No quise darle un nombre y solo dí a él un apodo por la búesqueda inconsciente de mi risa a costa de su vergüenza–Acción propia de la especie humana que goza de la mofa ajena.

Él no sabe de la tarde aunque ella es constante y el final de cada día.

Tal vez la conoce porque al perder su luz se hará mutante para convertirse en noche.

Y la tarde se desliza furtivamente sobre el tiempo, posiblemente deseando hacerse eterna e inmutable pero termina al fin como la oruga: Un día es salvajemente acariciada por un sopor profundo, casi coma o un estado de inconsciencia incomprensible. Cierra sus ojos y su hambre y cae en un sueño sin imágenes oníricas y carente de emociones.
Despierta un día encerrada en un cuerpo nuevo con unas alas que le mostrarán el mundo desigual o diferente al que conoció hasta hace poco.
Y lo verá distinto, diferente, extenso e infinito.
Una nueva vida será dueña de un cuerpo vuelto a la juventud hoy renacida, con un pasado arrebatado del recuerdo.
Y esa tarde pasa a ser obscura o dueña de luces ciegas de negrura. Frías, lejanas pero tantas veces llenas de caricias y alboradas.

Esto no lo sabe el Cachuchas que obedece solamente al instinto de la vida, pero es mi amigo porque yo lo he escogido
Él no lo sabe aunque aveces me hace pensar que me comprende, y me extraña.
El Cachuchas va cargando sus instintos y desconoce la existencia de las guerras y la estupidez de mi especie que destruye esta hermosa tierra.
Creo que si lo supiera lo entendería perfectamente pues la estupidez es solo de los animales -o tal vez mas del ser humano que mata por placer, por egoísmo, por codicia, por amor y patriotismo- Los animales matan solo cuando tienen hambre pero lo mas seguro es que un día él terminará en mi plato, pues al fin el hombre devora a sus amigos y a los de su misma especie.

Luego me asalta una duda:

... Tal vez es mi pollo el que mejor me entiende.

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